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lunes, 19 de octubre de 2009

Tríptico: Artificio, Parte III

III
La noche es un tequila sin botella,
un astro se revuelve
y luego escupe grillos ebrios.

¿Y cuántos (nunca supe) suspiros le caben a una hora?

Ella,
la luna,
es la comadrona que sella los sortilegios
en cualquier frasco sin preguntar,
una mueca de asco se le refleja cuando cree que no la vemos,
parece que se cayó de cabeza,
le falta portar casco…

La noche es la pluma de un zopilote enorme y sin nido,
su aire es completo misterio de viajes en secreto.

Mil noches son un ala y un barrote de la jaula del calendario,
azote de las curias de verano,
se mece con los ciclones en extrapolares picoteos,
suenan los despertares del céntrico parloteo al interior de un aro
disfrazado de ecuador,
y plumas muertas en
quinientos pares.

viernes, 16 de octubre de 2009

Tríptico: Artificio, Parte II

II
Soy árbol de otoño,
también una isla desierta,
a veces soy un ave en vuelo
o el sol,
o nube,
a veces soy el cielo.

Soy la constelación que no legisla los destinos,
soy astro que se aísla como buscando sin querer hallar.

Soy extranjero de cualquier lugar poblado,
soy cualquiera,
soy excusa del tiempo perdido,
soy inconclusa escena,
soy la arena y soy el mar.

Soy una raíz quebrada,
soy un cerro convertido en rastro,
soy residual del siglo pasado,
soy voz,
ritual.

Soy causa conspirada,
soy un yerro de la historia,
soy bautizo y entierro.

Soy centro,
soy extremo,
soy esquina,
soy hecho y palabra,
soy la propina del embajador de algún inframundo.

Soy causa,
soy efecto,
soy un mundo imperfecto perdido entre neblina.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Tríptico: Artificio, Parte I

I
Yo vi
que serpenteaba a medianoche la luz que se escondía
de la mañana,
vestida de crayón y porcelana,
perdida en una sombra
y es que anoche perdió su luz la luna
con el broche que mal se pretendió
volver un faro sin mar,
sin playa.

No me queda claro que cosa era,
no entiendo todavía,
la luz,
la circunstancia,
luz de día,
ráfaga que cruzó como un disparo los cielos
del ocaso rojo raro.

La noche,
traicionera,
no detuvo la causa
pero tampoco retuvo el efecto plasmado en todos lados,
mis ojos concibieron
los costados de la brunicidad teñida en cyan,
era la madrugada.

¿Dónde están los ecos de la noche?
¿A dónde fueron las eras?
¿las rutinas?
¿Perecieron?
El aire no contesta.

Un alacrán parece estar inmerso en mi pupila,
pero no despertó tras de mi suela,
me voy,
no sé,
mi barca es una escuela,
mi mapa es una esponja que destila recuerdos que se pierden.

En la fila soy el último,
también el primero.

No sé,
parece que siempre hay un pero colgando de cualquier explicación
y el tiempo, la desnuda sinrazón,
se luce cual verdugo justiciero.

A veces las palabras se me esconden y busco entre las razones ajenas,
no siempre tengo suerte,
las colmenas prefabricadas son malas,
responden a reproches vanos,
no corresponden con la forma de mis alas cuadradas.

Las noches
antes de mis madrugadas se emplazan unas a otras,
no se miran frente a frente,
pero todas suspiran.

Los duendes se fugaron con mis hadas.