lunes, 29 de junio de 2009

De Miradas, Parte II

Lo peor del caso es que parecía que lo que teníamos se estaba empezando a enfriar ¡que hago! El tipo de sistemas se empezó a meter en la escena, parece que para este tipo el tiempo si alcanza, cada vez que los veo platicando, ella me echa una mirada como de reclamo.

Se venían ya las fiestas de diciembre así que fuimos al convivio que había organizado la empresa, yo estaba en la mesa de los oficinistas, ella en la del personal administrativo, es curioso pero sin necesidad de que se diga donde te toca, ya cada elemento conoce su lugar, no hacen falta ni palabras ni rótulos, pasa que simplemente ni tus compañeros te quieren ver con el jefe ni el jefe te quiere cerca, más te vale no querer estar cerca de el tampoco.

Cuando ella llegó pasó justo a mi lado con un vestidito azul marino de buen escote y sin espalda que se redondeaba divinamente por detrás, los ojos de todos la buscaban y los whiskies se me hicieron cobardía, me quedé sentado sin decir nada y tratando de expresar lo mismo, ella buscó su lugar entre las secretarias y se fundió con el entorno, su risa se perdió tras la música y sus ojos detrás de mis bebidas, no me importó, fuimos al buffet que se servía y pasamos uno a uno, plato en mano en un tren de cuerpos que iban cargando su combustible vegetariano, ella iba tres o cuatro cuerpos adelante y el de sistemas pegadito a ella, conozco al tipo y es un idiota, hace unos chistes y comentarios que hacen méritos suficientes para ahogarlo, le río cuando me habla solo por no maltratarlo, ella le reía y yo los miraba, ella fingía que no se daba cuenta, ah, aquí fue que empecé la historia.

Luego que me serví regresé a mi lugar pero ella no volvía al suyo, tampoco el cuate este de sistemas, treinta segundos según mi reloj, según yo dos horas, al fin regresó el baboso este a nuestra mesa, medio vi que ella iba para la suya y que en el camino me buscó con la vista, cuando me encontró se me quedó mirando como diciendo “viste que no solo vos existís”, yo le contuve la mirada y fruncí un poco el ceño como diciendo “hacé lo que querrás”, ella se fue a su mesa, ya sentada me volteó a ver, se medio sonrió como diciendo “ah, ahí estás, creí que ya no estabas viendo” yo la imité pero un poco más suelto como diciendo “si, aquí estoy, sabía que no hablabas en serio”, ella se llevó una mano con cuyo revés se tocó la mejilla apartándose el cabello como diciendo “no, tu sabés bien que aquí estoy y que soy solo para vos”, yo entrecerré los ojos e hice un leve asentimiento con la cabeza como diciendo “está bien” golpeé la mesa con mi vaso “sé que eres mía de todas formas” crucé la pierna “se que este tipo…” lo señalé con un pequeño movimiento de cabeza “no significa nada…” hice no con la cabeza y me sorbí un poco de whisky. Ella dejó de sonreír, echó la cabeza hacia atrás y volteó al otro lado, no le presté atención, tomé mi copa y empecé a hacer un par de conversaciones intrascendentes con la gente que tenía a mis costados dando siempre de un modo u otro discretas miraditas hacia donde ella estaba, ya lo presentía yo, esta sería la noche para Nely y para mi, seguro que sí.

Ella se veía emocionada aunque por alguna razón la presentía distante de su grupo, como abstraída, de pronto coincidimos otra vez, chocamos las miradas, ella estaba mucho más relajada, talvez un poco por el licor, solo me vio y volvió a donde estaba originalmente, no pude respondérsela, fue tan rápido pero al mismo tiempo tan claro, estaba feliz de hallarme esperándola con la mirada, luego yo la encontré a ella, ya no eran decires, eran mas bien como pequeños besitos traviesos, como un “te quiero” tan espontaneo que se repetía varias veces, no es que estuviésemos ebrios, no, es que nos disfrutábamos tanto el uno al otro en ese juego, ella se levantó de su lugar, su copa tembló un poco con el roce de su mano, la mano de su amiga tomó la de ella y le dijo algo, supongo que le dijo que no saliera todavía, se sentó otro poco, yo sorbí mi whisky, ella recostó su cabeza en su mano con el codo apoyado en la mesa, no me miraba, no me hablaba, yo acariciaba su cabello y su espalda con la mirada, la besaba con mis ojos, estaba perdido, así que decidí que ese era mi último trago y pedí un café negro.

Ya relajado lo pensé con calma, seguía prendido a ella lógicamente, ella se acomodó el cabello y me lanzó una mirada, la mirada más sensual que le he visto nunca, tan disfrutable, se remojó los labios con la lengua muy suavemente y comió algunas manías de sobre su mesa, nos besamos con la vista, nos dijimos que esa noche no terminaría nunca, por un momento todo dejó de existir en torno nuestro, no más apariencias, no más falta de tiempo, solos nosotros dos. Ella de pronto se levantó, la seguí, ella iba al sanitario, cuando la encontré afuera ella se iluminó con una sonrisa y me dijo: -¡Hola! Perdón que no te haya saludado antes es que no te había visto, fijate que soy miope y no traje mis lentes de contacto.

Fin

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